FUTBOL: Ferro 1 - Talleres 2: LA PELICULA SIGUE SIENDO LA MISMA
En el primer tiempo, Ferro mereció irse por lo menos, con un gol arriba en el marcador, si a lo hecho por los dos equipos nos referimos. Las oportunidades de convertir más claras estuvieron en la cabeza de Fazio y en los pies de Akerman. Poquito, pero que alcanzaba para demostrar que la actitud de ganar durante los 45' iniciales era patrimonio verdolaga.
Pero desde lo táctico no se entendían algunas cosas, como la disposición de Monje en el terreno, muy retrasado y desorbitado, lejos del área que es dónde sabe lastimar y desequilibrar. Se dedicó a tapar las subidas de Gonzalez y Correa más que a intentar arrimarse a Petrovelli, o Akerman, su socio más notorio desde el inicio del Torneo.
Tampoco lo que pasaba con Chirumbolo, que tenía que hacer las veces de enganche cuando tendría que estar más dispuesto a recibir pases gol que a hacer las veces de asistidor. Entonces se mareaba y no sabíamos bien de que quería jugar el pibe.
Por el lado de la defensa, casi nada de sobresaltos, se mostraba bien sólida, y Talleres no le representaba demasiado peligro, porque los cordobeses tenían puesto el traje de especuladores, y con el pelito bien engominado, cosa de no despeinarse ni una micróscopica fibra capilar.
Sin mucha tela para cortar se fue la primera mitad, con la esperanza de que Pereira ajustara un par de tuercas. Porque estaba la maquinaria con actitud necesaria para funcionar correctamente, pero le faltaban unos retoques mínimos para lograr el cometido que era el del triunfo.
A los 5' del segundo tiempo, parecía que la esperanza lograba hacerse una realidad. Akerman demostró la calidad por la cuál era pretendido en muchos clubes, puso el 1-0 con una definición fulminante ahí bien abajo donde los arqueros casi nunca llegan. El gran pase de Petrovelli también es digno de mención.
Se agrandó Caballito entonces. La hinchada, que nunca paró de alentar, redobló su aliento, la actitud colectiva del equipo de atacar también llevó su apuesta al doble y la ola verde parecía que iba a tapar cualquier intento "tallarín". Pero...dentro del campo de juego, fue todo un espejismo. Porque a esa actitud no se le sumó el orden táctico que se requiere para liquidar un partido, ni tampoco las respuestas desde el banco. Y cuando no hay claridad para encarar las cosas, es muy posible que si se aviva el contrario, las cosas no terminen saliendo como uno quiere. Lamentablemente fue así.
Saporitti leyó bien el partido, mientras que Pereira seguía confiado en una táctica que estaba yéndose a pique a pesar de la transitoria ventaja en el marcador. El técnico de la "T" hizo ingresar a Valenti y guardó a Gonzalez. La variante de Talleres se encargaría de darle a su equipo la inyección para dar vuelta las cosas. A los dos minutos de su ingreso, clavó el empate con un cabezazo, aprovechando la dormilona de la defensa verdolaga. Un golpe duro, pero del que podíamos recuperanos.
De recuperarnos, nada. Ferro no lo hizo, porque el equipo estaba partido al medio y llegar al área parecía una peregrinación a Luján. Carabajal se mató recuperando balones en el mediocampo pero cuándo tenía que hacer una entrega, sus compañeros mas cercanos se encontraban a 100 kilómetros. Quienes de a ratos tenía a su lado, Barale y Monje, estaban dedicados a tapar las subidas de los laterales rivales y poco arriesgaban en ataque. Cuando buscaba a Petrovelli este tenía tantos hombres encima que se veía obligado a ignorarlo y hacer la personal. Con suerte caía en los pies de Akerman o por desgracia en los de Chirumbolo.
En el banco parecía estar la respuesta al sofocamiento verdolaga. Se extinguían los minutos y Pereira parecía estar viendo otro partido. Hizo ingresar a Matías Díaz recién a los 33', pero tampoco sirvió de mucho porque no entró para entregar velocidad y un poco de oxígeno al ataque que era la necesidad primaria después de tanto gasto físico en vano, entró con la intención de picar hasta el fondo y mandar centros...y todos sabemos como manda los centros Matías. Peor el remedio que la enfermedad.
Talleres de repente jugó como no lo hizo en todo el trámite y nos hacía sufrir con cada avance que le permitían los extenuados volantes de Oeste. ¿Los cambios, Pereira? Bien, gracias. Los minutos corrían y Fazio descontrolado tomaba las riendas, se escapaba peligrosamente de su posición de marcador central para ser la carga iniciadora en los avances verdolagas. Dejaba un hueco enorme en el fondo que los avivados cordobeses no tardaron en hallar delicioso para sus intenciones de llevarse algo más. "Y...ya que invitan" se transformó en su lema.
Pereira seguía mirando Ferro - Talleres, pero del año 1991. Los cambios recién los hizo a los 43' y 45' con los ingresos de Magnetti y Dalmao respectivamente. Cambios hechos con una única finalidad de hacer tiempo.
Se moría el partido y llega una de esas jugadas dónde no se sabe si culpar al referí por cobrar un foul dudoso cuando el cronómetro exige piedad, o a la inocencia de algunos jugadores propios por no poder serenar los nervios en momentos díficiles (aunque a veces esa tranquiliad tenga que provenir de un director técnico, que en vez de serenar te pide "que aguantes hasta el último pitazo como puedas"). Tiro libre en las puertas del área, sufrimiento en las tribunas, un hombre de apellido Ceballos que se eleva y mete la cabeza ¿en off-side? y deja a Migliardi con la boca abierta y yendo a buscar la pelota adentro del arco. 2-1 y un balazo al pecho de las ilusiones del hincha.
Se tuvo todo para ganar, se perdió por no hacer lo poco que requería este encuentro: audacia y por sobre todas las cosas, una idea de juego que a este plantel le está faltando. No se juega ni defensiva ni ofensivamente, directamente no se juega.
Ojalá el próximo encuentro en Tucumán, sea por fin una victoria que permita empezar a sumar de verdad.
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